Don Aldo es un restaurante con historia, de esos lugares que perduran por lo que verdaderamente importa: la calidad de su cocina y la calidez de su gente. Con el paso del tiempo se convirtió en un punto de encuentro, un espacio donde cada visitante se siente parte, donde la experiencia va más allá del plato y se transforma en un momento compartido.

 

El proyecto de renovación buscó preservar esa esencia tradicional, potenciándola desde una mirada contemporánea. La premisa fue clara: mantener el alma del restaurante, pero traducirla a un lenguaje actual, más fresco y funcional.
El diseño se pensó para generar proximidad, comodidad y pertenencia, con un ambiente que invite a quedarse y disfrutar sin apuro.

 

La elección de materiales fue clave para transmitir esa sensación hogareña y a la vez auténtica: se combinaron maderas cálidas, hierro trabajado y tonos tierra que evocan lo natural y lo cercano. La iluminación tenue acompaña el ritmo del lugar, resaltando la textura de los materiales y aportando intimidad a cada mesa.

 

El nuevo diseño no busca cambiar lo que Don Aldo representa, sino revalorizarlo, dándole una nueva vida a su identidad. Cada decisión —desde la disposición del mobiliario hasta el tratamiento de la fachada— responde a un único propósito: que quienes lleguen al restaurante sientan que vuelven a un sitio familiar, donde la comida reconforta y el ambiente abraza.